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Editorial de L’Hora: Cinco cosas que debería hacer el PSC
Publicado por Raimon Obiols | 15 Noviembre, 2013

Hay que mirar las cosas cara a cara. La última encuesta de Metroscopia para El País señala que sólo un 42% de los que votaron al PSC tienen decidido repetir el voto, que la representación en el Parlamento pasaría de 20 a 13 diputados; que un 77% de los ciudadanos (un 54% de los electores socialistas) desaprueba la gestión de Pere Navarro, que la mitad del electorado socialista desaprueba la labor del grupo del PSC en el Parlament.
Las encuestas no son las tablas de la ley, pero cuando son tan graves marcan rotundamente una tendencia, sobre todo si se recuerdan los resultados electorales del PSC en el largo período: 1992 (Obiols, 27,5%), 1995 (Nadal, 24, 8%), 1999 (Maragall, 37,8% de), 2003 (Maragall, 31.1%), 2006 (Montilla, 26,8%), 2010 (Montilla, 18,3%), 2012 (Navarro, 14,4% ).
El PSC está electoralmente en situación de emergencia, pero esto no es lo más grave: el propio partido está en zona de riesgo. No es que tenga un problema, tiene unos cuantos: algunos, derivados de las crisis actuales en Cataluña y en España, otros de cosecha propia. Ninguno de ellos tiene una solución fácil y cuanto más tarde en hacer frente, peor.
Dos años después del último congreso, el PSC ofrece un balance inquietante y las grandes dificultades de la situación política no pueden ser una explicación satisfactoria de su situación. Necesita urgentemente un “reset” y este reinicio sólo será posible si se reacciona urgentemente, con inteligencia, coraje y generosidad.
Es con este objetivo que apuntamos aquí lo que creemos que debería hacer el PSC. Lo hacemos con franqueza y espíritu positivo, tratando de evitar controversias improductivas. Sólo asumiendo las responsabilidades de todos podremos salir adelante. En nuestras propuestas no hacemos referencia a las cuestiones de proyecto y programa que, aun siendo esenciales, no lo son tanto como las de orientación general, actitudes, sentimientos y comportamientos.
Creemos que hay cinco cosas que el PSC debería hacer urgentemente:
1. CAMBIAR DE RUMBO
En primer lugar, un cambio de rumbo inmediato. Hoy, en Cataluña, casi todos los partidos tienen también problemas y conflictos internos. ERC, de momento, capitaliza una dinámica popular, un movimiento de fondo. Quizás avanzará a CiU, pero es muy probable que acabe pagando el precio de la distancia entre las expectativas generadas y la prueba de los hechos. Pero constatar las dificultades de unos o la frágil popularidad de los otros no salvará el PSC. Sin cambio de rumbo, el abandono de electores, militantes, cuadros y candidatos proseguiría hasta hacerse insostenible. El período que va de ahora mismo en el próximo ciclo de elecciones es crucial.
Se necesitan iniciativas y gestos visibles que muestren que la grave crisis del PSC ha sido entendida y que actúa en consecuencia. Las invocaciones a la “renovación”, a un “nuevo PSC” son papel mojado si no van acompañadas de cambios concretos en el terreno de la acción política, del discurso, de las maneras de hacer, de la práctica organizativa. No es posible esperar más.
Este cambio de rumbo requiere un compromiso público y visible, con una rectificación de métodos y procedimientos, la adopción de nuevos métodos de trabajo y gestos concretos y verificables de apertura, que acaben con el goteo de afiliados y la marginación y la autoexclusión de miembros del partido. Sólo una corresponsabilización de todos, basada en un compromiso sincero y un consenso activo sobre una línea clara y unos objetivos concretos podrá revertir la tendencia. No sirve de nada la mayoría orgánica en un PSC que abandone sus efectivos electorales y orgánicos por el camino.
No hemos compartido nunca el esquema simplista de las “dos almas” del PSC, pero la realidad nos enseña que, para volar, el PSC necesita alas, y que con una sola desciende fatalmente. Hay que recrear las bases de la unidad en la pluralidad. Hay que rehacer el consenso básico entre los diversos segmentos que han constituido el PSC desde su fundación, porque son la expresión de los diversos sectores sociales que han formado el amplio espacio socialista en Cataluña.
Si recuperar y reunir el electorado socialista es un objetivo prioritario, la condición indispensable es verificar una confluencia de manera sincera y visible dentro del partido.
Este cambio de rumbo sería captado y respondido al instante por la diáspora de aquellos y aquellas que por una razón otra quedan marginados o excluidos, así como los sectores afines de la izquierda social y cultural. Sería también comprendido y aprobado por un electorado desorientado que se siente progresivamente huérfano.
Hay que rehacer el PSC desde la pluralidad, restituyendo la voluntad compartida de unidad que un día lo hizo posible y hacer el principal agente del retorno de la Generalidad exiliada, el principal garante de la unidad civil de nuestro pueblo, el líder del municipalismo catalán y el eje de los primeros gobiernos de izquierdas en la Generalitat de nuestros días.
2. EVITAR LOS ERRORES
El PSC, además, debe evitar errores. El principal, ya lo hemos dicho, sería cerrarse y encogerse (“Al PSC sobra gente”). Sería resignarse a una homogeneidad impotente, confundiendo el concepto de poder interno y el de potencia y fecundidad de partido. La alternativa es entre una involución, que se convertiría imparable, o un reinicio sincero y auténticamente innovador.
El PSC tiene razón de ser si es una fuerza potencialmente mayoritaria, el eje de una mayoría de progreso, y esto exige la condición de partido de anchas fronteras.
Es necesario, además, una conducción con norte y con traza, un pilotaje sin sacudidas. El segundo error a evitar son los zigzags, las oscilaciones y la casuística incomprensible en relación al “derecho a decidir”.
Precisamente porque la situación es compleja y manipulada, llena de maniobras, trampas y cálculos, es absurdo ofrecer el menor pretexto a los que quieren aniquilar al PSC atribuyéndole demagógicamente la voluntad de no celebrar una consulta. En Cataluña y en España hay tantos intereses que buscan la marginalización definitiva del PSC, que este no se puede permitir nada que pueda ser interpretado como un obstáculo a la consulta democrática del pueblo de Cataluña. Porque al final, en el próximo ciclo electoral, los socialistas serían presentados como el obstáculo que impidió que esta se efectuara.
La política del PSC ha de compartir y respetar la voluntad ampliamente mayoritaria del pueblo de Cataluña, sosteniendo de manera permanente una posición coherente con las votaciones que, en favor de una consulta, ha sostenido el PSC en el Parlamento y en el Congreso.
3. EVITAR LAS MANIPULACIONES
Hay, además, un estilo a evitar: la práctica de una política tacticista, profesionalizada y desacreditada. Romper un poco de vajilla para hacerse oír a veces es inevitable, pero dedicarse repetidamente sería un disparate irreparable. Sería hablar al viento, escribir sobre la arena; cada ola mediática lo borraría todo y sólo quedarían los estereotipos dominantes, que hoy son desfavorables al PSC.
El martillo compresor de la hegemonía neoliberal ha engendrado nuevas formas de sujeción y manipulación, de control insidioso, de docilidad y de indignación antipolítica. En esta situación, practicar la política de mercado, la maniobra mediática y confusa, la disputa permanente, puede convenir a la derecha y al juego de los nacionalismos confrontados. Para la izquierda puede ser letal.
El PSC debe evitar la pérdida de credibilidad derivada de los enredos, resbalones y oscilaciones, de la confusión sobre cuáles son las verdaderas intenciones, cuáles los verdaderos adversarios, cuáles las verdaderas cuestiones de fondo.
La máxima claridad le conviene al PSC, y ésta no es compatible con las reticencias, los sobreentendidos y el doble lenguaje. El estado de cosas actual alimenta los malentendidos, y hay adversarios que quieren manipular y dividir los socialistas, hacerlos bailar al son que tocan. Tener esto en cuenta vale tanto para los portavoces del partido y del grupo parlamentario como los “críticos”. Unos y otros deben ser conscientes del riesgo que todo sea manipulado y finalmente el PSC sea alineado, en la percepción popular, en un perfil que no es ni puede ser el suyo.
Esto exige mantener firmemente la posición dentro del bloque catalanista, proclamando más alto que nunca su federalismo plurinacional y europeísta, y su posición favorable a que el pueblo de Cataluña pueda decidir democráticamente el futuro de su relación con el Estado español. Este es el único terreno practicable donde finalmente se dará la solución, si sabemos luchar hasta que un Estado español en crisis se mueva.
4. SER ÍNTEGROS.
No pretendemos dar lecciones de moral, pero sin ejemplaridad ética un enderezamiento no sería posible. Los casos de corrupción de los otros (del caso Millet de financiación de CDC a la embadurnada general del PP en Valencia, del caso Bárcenas a los ERE andaluces) no pueden ser excusa para no actuar con decisión a la hora de responder a los problemas propios. El combate implacable contra la corrupción, las irregularidades, el nepotismo y la laxitud, es un deber estricto. Sin este combate se arruinaría el proyecto socialista.
La integridad a ultranza, la ética y la transparencia de sus responsables y cargos públicos son una condición sine qua non para regenerar la confianza en el partido y, más allá, en la propia democracia y sus instrumentos e instituciones.
La ejemplaridad debe ir más allá. Hay que conseguir que el autoritarismo, los juegos personalistas, la adulación, el premio a los fieles y la penalización de los independientes se conviertan en prácticas vergonzantes a erradicar. El PSC sólo tiene futuro como espacio de libertad, contestatario, sin tabúes, donde toda opinión merezca respeto incluso cuando parezca errónea, y donde los que pontifican en nombre de una “ortodoxia” hagan reír.
Una inyección libertaria, por favor! En la mejor tradición del PSC! Es la única manera que lo hagan suyo la gente joven y todos aquellos que, más allá de los discursos, ponen principalmente la atención en las actitudes y los comportamientos.
5. ENDEREZARSE COLECTIVAMENTE.
Hay que salvar el PSC y luego reinventarlo. Deberíamos hacerlo entre todos y todas, dentro y fuera del partido. Mantener un PSC relevante es una responsabilidad que no sólo interpela a sus afiliados y afiliadas. Requiere también el esfuerzo común de una diáspora socialista cuantitativa y cualitativamente significativa, así como de los sectores afines de los movimientos sociales y culturales de la sociedad catalana.
Todos ellos saben que de un PSC que supere su crisis depende la posibilidad de una alternativa de progreso, en Cataluña y en España, en los años venideros, y también, ahora mismo, que no se dañe la unidad civil de nuestro pueblo.
Todos ellos están obligados al diálogo y deberían sentirse llamados a una confluencia que sólo será posible si la dirección del PSC se abre sinceramente, con ambición y generosidad.
Todos ellos deben darse cuenta que separados no son nada, y que juntos pueden ser una fuerza formidable.
Esto significa también prepararse para las elecciones y preparar las elecciones. No es el reto más importante, pero es el más urgente. Implica, en primer lugar, establecer un calendario no discrecional para las primarias. Las primarias no son la panacea, pero son una buena oportunidad para abrir el partido al máximo de ciudadanos. Serían necesarios, después, instrumentos que aseguren la continuidad de esta apertura: mecanismos de representación inclusiva que faciliten la participación y el empoderamiento de los ciudadanos que participen. Cabe agrupar lo que hoy es disperso, creando las condiciones de un reencuentro innovador, en sintonía con las nuevas exigencias democráticas y transformadoras.
El adversario común es una derecha sin fronteras que avanza su programa de distribución de la riqueza en beneficio de los más ricos, y del poder en beneficio de los más poderosos.
La esperanza del socialismo está depositada en el derecho de todos a participar y a decidir democráticamente, sin sujeción ni desigualdades, en la configuración del futuro colectivo. Este es el soberanismo de los socialistas, de la izquierda, de los demócratas. Será nuestra fuerza, si sabemos hacer confluir toda la indignación y la pasión que generan las crisis actuales, y unir todos los intereses y fuerzas que quieren una sociedad más decente, más justa y más libre.
14/11/13
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