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Las municipales en Catalunya: el resultado socialista
Publicado por Raimon Obiols | 28 Mayo, 2007

Vistos los resultados de ayer, el PSC, con 924.275 votos (32,2%) y 2.570 concejales y concejalas, gobernará en todas las capitales y ciudades importantes de Cataluña, la Diputación de Barcelona, el Ayuntamiento de la capital de Cataluña y el Gobierno de la Generalitat. De 23 ciudades con más de 50.000 habitantes, en 20 los socialistas han sido la fuerza más votada. Es una gran responsabilidad.
Si miramos las cosas con perspectiva (desde las primeras elecciones municipales después de la dictadura franquista hasta la jornada de ayer), la trayectoria de los gobiernos locales socialistas en Cataluña produce una cierta impresión. Sea dicho sin ningún triunfalismo: no encontraréis en Europa un caso parecido en la actualidad; y os sobrarán los dedos de una mano para contar situaciones similares de hegemonía municipal de estas características y de esta duración (cerca de tres décadas): sólo algún país nórdico, alguna región alemana o italiana, y no mucho más.
La cosa hace más impresión todavía si pensamos, por ejemplo, en el continuado gobierno local socialista en ciudades como Barcelona o Girona, donde ésto no tenía nada de «natural»: más bien el contrario. En la capital catalana, en concreto, el «gerrymandering» del franquismo había dejado fuera del término municipal estricto (Barcelona no debía competir demográficamente con Madrid) vastas zonas de contínuo urbano donde se concentran grandes reservas de voto obrero y popular, de electorado socialista.
Se pueden dar diversas explicaciones a este fenómeno de larga duración de los gobiernos municipales socialistas: en primer término, la propia constitución de una fuerza política (el PSC) surgida no de operaciones de cúpula sino de la propia sociedad, arraigada en las poblaciones catalanas y representativa de sus sectores más dinámicos (yo recuerdo que en la primera campaña municipal, el año 1979, evoqué una frase del poeta Carles Riba, que ahora vuelvo a citar de memoria: «La ciudad será nuestra porque sólo nosotros comprendemos en profundidad su profuso espectáculo».
Después hay que mencionar el factor fortuna: el PSC tuvo la suerte de contar con la fantástica generación de los alcaldes y alcaldes de la primera cosecha. Me parece que ahora una segunda generación ha ido tomando el relevo con acierto y está haciendo muy bien las cosas. También se puede hablar de una cultura política del socialismo catalán muy arraigada a las tradiciones societarias, antiburocráticas y antijacobinas. O de la capacidad de agregar y movilizar en los proyectos locales a profesionales de primera línea …
Pero a mí me gusta también otra explicación. Se puede utilizar, para describirla, la palabra «resiliencia». Es un término usado en psicología para describir la capacidad de una persona o de un grupo para seguir proyectándose hacia el futuro a pesar de unas condiciones de vida adversas. El PSC ha ganado fuerza y ha gobernado las ciudades, entre otras causas, porque desde posiciones de poder económico e ideológico conservadoras, se le ha discutido justamente el derecho de ciudad (para ser más precisos, el derecho de ciudadanía catalana).
En este sentido, me parece que en las tres décadas pasadas, y sin mencionar nombres (señalar con el dedo no es de buena educación), se puede decir que en el mundo local de la derecha (incluido el nacionalismo conservador) han proliferado los pollos de granja, y en cambio en el campo socialista han abundado los “gratapallers”.
Si hago este comentario no es para criticar a nuestros adversarios, sino para alertar contra el riesgo que para el socialismo catalán significaría el instalarse en la autocomplacencia, en la vocación del poder por el poder, en la comodidad institucional y jerárquica, o en el falso realismo de la simple gestión “profesionalizada” de las cosas.
Se puede hablar de «resiliencia» de una manera más directa: usando el verbo «pencar». El socialismo catalán tiene que trabajar mucho los próximos tiempos, con tenacidad y modesta ambición, porque su responsabilidad es muy grande, y los problemas del presente y del futuro considerables.
Trabajar quiere decir, en este caso, no sólo gobernar, gestionar, sino también innovar, comunicar, cooperar, colaborar, pensar, hablar, escuchar, discutir, imaginar, explicar, proponer, y uno largo etcétera.
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