Notas de Bruselas

Presentación

Raimon Obiols publica en este blog sus comentarios sobre la actualidad.

Twitter

App para iPhone


Raimon Obiols NdB

Etiquetas

Traductor

Últimas noticias

Blogs y enlaces

  • RSS
  • Atom
  • « | Inicio | »

    Recuerdo de Carmel Rosa

    Publicado por Raimon Obiols | 6 Abril, 2008


    Imprimir Imprimir

    He tenido la suerte de ser amigo de Carmel Rosa y de su compañera, Antònia Adroher: una pareja magnífica. Ahora, Quim Curbet edita en Girona un nuevo libro de recuerdos y reflexiones que dejan testimonio de las experiencias combatientes de Carmel, inseparables de las de su compañera de toda la vida. Estos recuerdos nos hablan de unos periodos extraordinarios de nuestra historia colectiva, llenos de esperanza, conflicto y violencia: los de la guerra civil, la revolución y la resistencia. Y hablan desde la perspectiva de un protagonismo lúcido y generoso. Para el memorialismo catalán, por desgracia precario, se trata de documentos de un considerable valor, indispensables para aquéllos que quieran entender cuál ha sido nuestra historia contemporánea.

    He aquí como conocí a Carmel, y después a Antònia: a principios de 1973, después de diez años con el pasaporte confiscado, conseguí una invitación de la Cooperación científico-técnica francesa para un stage de un par de semanas en París. Con este pretexto en  mano, hablé con el director del Instituto Geográfico y Catastral, un coronel con quien tenía una excelente relación profesional. Optimista, me aseguró que me conseguiría el pasaporte. Habló con el coronel Blanco, jefe del SIM, que protestó mucho (según él, yo era un rojo peligroso) pero finalmente accedió. Pocas semanas después, más contento que unas pascuas, yo salía de las dependencias de la Brigada político-social en la Vía Laietana, después de soportar una bronca monumental de los hermanos Creix, pero con el pasaporte en la mano. La alegría se me acabó bastante cuando lo abrí: sólo era válido para Francia y tenía validez para un par de meses.

    En París llamé a Carmel Rosa (en “Roc“), a quien no conocía todavía, a las oficinas de la AFP, donde trabajaba con otros poumistas (Wilebaldo Solano y, me parece, Sancho). “Roc” me gustó mucho: socarrón y entusiasta, entrometido y reservado, desconfiado y generoso a ultranza, tenía todas las cualidades aparentemente contradictorias, pero en realidad plenamente complementarias, que yo había conocido en los veteranos poumistas con los que hice mi aprendizaje político en el Moviment Socialista de Cataluña.

    Estuve en el local del POUM, un pequeño piso en lo alto de una escalera angosta, me parece que cerca del metro de Charonne. Era una noche fría y recuerdo bien la reunión: una habitación con poca luz, corrientes de aire gélido y unas estanterías con publicaciones del partido: La Batalla, Tribuna Socialista… En las paredes, algunos carteles de la guerra civil parecían haber parado el tiempo. Pero el tiempo había pasado: yo había ido a proponerles que su partido se incorporara a la Asamblea de Cataluña. Me escucharon con curiosidad y un poco de ironía. Siguió una discusión: Carmel se convenció deprisa e intervino argumentando la necesidad de una movilización unitaria para el restablecimiento de la democracia. Otros le dieron apoyo. Había también reticencias, evocando la presencia de grupos burgueses en la AC y, menos explícitamente, el papel importante que jugaba el PSUC. Recuerdo  algunas de las intervenciones: Pere Bonet, Albert Masó, Enric Ariño, Wilebaldo Solano hablando con pasión (cómo le es costumbre) con el abrigo puesto.

    Acordaron asistir como observadores a la Asamblea de Cataluña, y se lo tomaron seriamente: enviaron dos representantes desde París a la reunión que tuvo lugar en la iglesia de Maria Mitjancera, donde se produjo la “caída de los 113″. Los nombres de estos compañeros, por razones entonces explicables, no los he conocido nunca, aunque recuerdo, para algún comentario, que uno de ellos era de Sants y había formado parte de los grupos de acción (Gabocs) del Bloc Obrer i Camperol. Cuando se supo que la policía rodeaba la iglesia, el periodista Ramon Perelló (que formaba parte, con Martí Carnicer, Vicenç Ligüerre y yo mismo, de la delegación del MSC), arrastró a los dos poumistas bruscamente y los hizo bajar a la iglesia donde mezclados con los fieles siguieron devotamente la misa, bajo la mirada inquisidora de los agentes de la brigada político-social que sospechaban que alguien se les escapaba (y, por si las moscas, procedieron a hacer su primera comunión, desvaneciendo así toda suspicacia). Los dos poumistas pudieron así regresar sanos y salvos a París, mientras la mayoría de los asistentes a la reunión de la AC eramos conducidos a diversas comisarías y después en la “Jefatura” de Laietana para ser convenientemente interrogados, y acabar en la Cárcel Modelo.

    A Antònia Adroher, la compañera de Carmel, la conocí dos años más tarde, muerto ya el dictador, con motivo de una Fiesta del libro catalán en París. Fuimos con Jordi Solé Tura y Ernest Lluch. Creo que fue entonces que comí en su minúsculo apartamento, sin toilette ni ducha. Las condiciones de vida del exilio en París no eran excelentes. Antònia era muy activa en el Casal de Cataluña de Paris: era miembro de la junta directiva desde los años sesenta. Creo que en aquellos años era presidente Pere Bonet, veterano de la huelga general de agosto de 1917 y viejo compañero de Maurin y de Nin. Romà Planas y Àngel Castanyer, y después los venidos recientemente del interior (los hermanos de Puig, Quico Vila-Abadal, Joan Marcet, etc.) habían contribuido a crear en el Casal una atmósfera de entendimiento y de pluralismo respetuoso, donde gente de pensamiento muy diverso, y con graves conflictos detrás (cenetistas y psuqueros, gente de Esquerra y poumistas, etc.) actuaban en   común,  discutían y se apreciaban. Antònia Adroher hacía de maravilla el papel de secretaria general, impulsora y organizadora. Maestra gerundense, hermana de Enric Adroher “Gironella”, dirigente del POUM y activista de la unidad europea, Antònia tenía un extraordinario atractivo que hacía jugar de una manera espontánea pero tremendamente eficaz.

    Entre Antònia y Carmel había rasgos muy comunes. El buen humor y la ironía, especialmente. Esta ironía yo la he encontrado a menudo en los poumistas, y casi nunca en la gente de otros partidos de izquierda, tan admirables, ciertamente, en otros aspectos. Hablo de un comportamiento socarrón, una especie de contención de las tendencias a la expansión entusiasta: la ironía no como distanciamiento cínico, sino como elemento atemperador de los sentimientos y del entusiasmo, como una necesaria compensación al impulso de una inmensa generosidad.

    Hay, en este talante, una dimensión de radicalismo laico, anti-trascendental, que tiene, entre otras cualidades, la de proteger de los errores del fanatismo. “Ni dios, ni césar, ni tribuno”, decía el texto original de La Internaciona. Esta gente sentía un gran afecto por sus líderes (Nin, Maurin, Rovira) y una gran pasión ideológica. Pero en ningún caso tenían una adoración acrítica ni para los dirigentes ni por las ideas. (Dejaba la adoración para cuestiones más personales; mi impresión, a lo largo de los años, es que Antònia y Carmel se adoraban, aunque estas cosas no sé si se tienen que comentar).

    En todo caso, estaba bien vivo en ellos el mantenimiento de una actitud propia, autónoma, no eliminada o no amortiguada por la militancia, sino reforzada por el combate común: “Los vínculos afectivos de grupo no se comían al individuo, más bien al contrario. Cada uno consolidaba su personalidad”, escribieron Antònia y en Carmel en “La llavor dels somnis”, el libro de recuerdos que publicaron juntos. Y añadían: “De hecho, el ideal ha condicionado nuestra vida. Y un ideal, cuando se quiere intervenir activamente en la marcha de la sociedad para transformarla, conlleva, además de componentes teóricos y sentimentales, acciones concretas hechas de enfrentamientos políticos, a veces violentos, de vínculos personales, de dudas y certezas, de situaciones peligrosas y exaltantes”.

    Fue una vida arriesgada, rica y llena, la de esta pareja. Han dejado un buen recuerdo, no sólo entre los que tuvimos la suerte de ser sus amigos y compañeros, sino también en las páginas de la memoria que nos han dejado.

    Categorias: General, Política catalana, Semblanzas | Sin Comentarios »

    Comentarios

    Security Code: